MOTION12

Por el amor a los delfines

De las cosas màs flasheras que leì en los últimos días.


Quizás, el experimento más preocupante de la historia reciente es el de inteligencia en delfines llevado a cabo por el neurocientífico John C. Lilly en 1958. Mientras trabajaba en el Communication Research Institute, un moderno laboratorio en las Islas Vírgenes, Lilly quería saber si los delfines podían hablar a la gente. En ese momento, la teoría dominante del desarrollo del lenguaje humano postulaba que los niños aprenden a hablar a través del contacto cercano y constante con sus madres. Por lo que Lilly intentó aplicar la misma idea a los delfines. Durante 10 semanas en 1965, la joven investigadora asociada de Lilly, Margaret Howe, vivió con un delfín llamado Peter. los dos compartían una casa de dos habitaciones parcialmente inundada. El agua era lo suficientemente profunda para que Peter pudiera nadar y que Margaret pudiera ir de una habitación a otra. Margaret y Peter interactuaban constantemente, comiendo, durmiendo, trabajando y jugando juntos. Margaret dormía en una cama empapada de agua salada y trabajó en un escritorio flotante, por lo que su compañero de habitación podía interrumpirla cuando quisiera. También pasó horas jugando a la pelota con Peter, animándolo a hacer ruidos “humanoides” y a intentar enseñarles palabras simples. Conforme pasó el tiempo, quedó claro que Peter no quería una madre, quería una novia. El delfín dejó de interesarse por sus lecciones, y empezó a cortejar sus pies y piernas. Cuando no se le correspondía como esperaba, se volvía violento. Empezó a usar su nariz y sus aletas para golpear las espinillas de Margaret, que quedaban magulladas. Durante un tiempo, ella llevó botas de agua y una escoba para defenderse de los intentos de Peter. Cuando no funcionaba, empezó a mandarle visitas conyugales con otros delfines. Pero el equipo de investigación creció preocupado de que si Peter pasaba mucho tiempo con su especie, olvidaría lo que había aprendido con los humanos. Al poco tiempo, Peter volvía a la casa de Margaret, aún intentando cortejarla. Pero esta vez cambió sus tácticas. En vez de morder a su amiga, comenzó a frotar cortésmente la pierna de arriba a abajo con su boca y enseñando sus genitales. Sorprendentemente, esta estrategia funcionó y Margaret comenzó a frotar el pene en erección del delfín. Como era de esperar, comenzó a cooperar mucho más en sus lecciones de idiomas. Descubrir que un humano puede satisfacer las necesidades sexuales de un delfín era el mayor avance entre especies. El Dr. Lilly aún creía que los delfines podían aprender a hablar si se les daba el suficiente tiempo y esperaba llevar a cabo un estudio de un año de duración con Margaret y otro delfín. Cuando sus planes se truncaron por ser demasiado caros, Lilly trató que los delfines hablaran de otra manera: dándoles LSD. Y aunque Lilly informó de que todos tenían “muy buenos viajes”, su reputación en la comunidad científica se deterioró. En poco tiempo, perdió los fondos federales para sus investigaciones.

Fuente: resolviendolaincognita

Publicado el 01/12/2010 a las 03:53. Categorias: WTF
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